Desde que El Naturalista comienza a caminar, allá por el 2001, tiene muy claro que su proyecto de compromiso con la Naturaleza y la vida en un sentido amplio sólo lo pueden transmitir a un público preocupado por su estilo de vida, con un profundo respeto por los seres humanos y con conciencia social y medioambiental. Así de simple y así de complicado. Simbolizada por una rana, que según Pablo de la Peña “representa la lucha permanente contra el estancamiento y refleja el carácter inconformista”, esta marca comercializa sus colecciones en 45 países y cuenta con cinco tiendas propias en el exterior, lo que le ha llevado a facturar en el los mercados internacionales el 90% de sus ventas totales, que en 2007 alcanzaron la cifra de 22,6 millones de euros. Sus consumidores se localizan en aquellos países donde la conciencia medioambiental está más desarrollada y donde la comodidad y el confort están por encima o la par que la moda, esto es Europa, principalmente en Alemania, Francia y Escandinavia, Estados Unidos y Canadá. Y tiene muy claro cuál es su perfil: profesionales liberales entre 25 y 45 años, que le gusta viajar y apuesta por una vida sana y en sintonía con la Naturaleza. Y es que El Naturalista utiliza en la producción de sus zapatos materiales respetuosos con el medioambiente, pues emplean tintes naturales, materiales reciclados en la mayor proporción posible –poliuretano reciclado para las plantillas y caucho reciclado para las suelas- y la combinación de cromo más respetuosa con la naturaleza. Incluso han patentado la “piel pergamino”, tratada íntegramente sin plomo.
Dejando huella
Pero hasta llegar a este punto El Naturalista ha tenido que recorrer un largo camino, que se inicia con la presentación de su primera colección en la feria GDS de Düsseldorf, que hunde sus raíces en la cultura asiática. Y tras esta arriesgada puesta de largo, su equipo creativo diseña el que se ha convertido en el buque insignia de la casa, el Leaf Shoe, al ser el modelo más reconocido de la firma y el que más ventas ha tenido. Se trata de un zapato orgánico inspirado en la obra del escultor escocés Andy Goldsworthy. Con un concepto tan vanguardista, su expansión internacional no se hace esperar y ya en 2005 abren una filial en Estados Unidos y su primera tienda en Taipei (Taiwán), a la que se le suman al año siguiente la de Berlín (Alemania) y la de Helsinki (Finlandia) y en 2007 la de Santa Mónica (Estados Unidos) y la de París (Francia). “Todos nuestros establecimientos están ubicados en zonas muy céntricas y cuentan con una arquitectura interior llena de elementos naturales como madera, cuero y piedras, entre otros. La idea es que el contraste entre naturaleza, confort y moda sea el mínimo posible”, asegura el brand manager de El Naturalista. Sus planes de expansión pasan por desarrollar su filial estadounidense, abrir una tienda en España, “posiblemente en Barcelona”, pues hasta ahora se ubican en espacios multimarca, y potenciar su línea de complementos.
Proyecto de solidaridad
Fiel a su filosofía, El Naturalista puso en marcha en 2004 el Proyecto Atauchi, en colaboración con la ONG Navarra Properú, para impulsar la educación en Perú. “Destinamos parte de los beneficios que recaudamos por la colección Nasca, donamos un euro por cada par de zapatos vendidos”, explica Pablo de la Peña. La línea Nasca está inspirada en los famosos dibujos del sur de Perú, designados por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad Desde el inicio del proyecto ha recaudado, a través de toda su red comercial, más de 75.000 euros, que se han destinado a dos proyectos educativos. Uno ya finalizado en el norte de Perú, en la provincia de Piura, en el que se ha ayudado a reconstruir escuelas de sus zonas rurales. Actualmente, El Naturalista está colaborando en la construcción de una casa para niños discapacitados y abandonados en Arequipa, llamado Hogar de la Esperanza. El complejo albergará a más de 110 huérfanos y deficientes mentales.
El Naturalista
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